En el marco de la 23ª edición del Festival Tandil Cine, la Facultad de Arte de la Universidad Nacional del Centro fue escenario de una charla sobre los desafíos de impulsar el cine regional, las posibilidades de producir por fuera de los grandes centros urbanos y la importancia de construir herramientas que permitan sostener la actividad audiovisual en el territorio.
El encuentro contó con la participación de Micaela Saconi, subsecretaria de Cultura y Educación del Municipio de Tandil; Wenceslao Fernández Vulcano, productor audiovisual tandilense; y los directores Fernando Spiner y Marlene Grinberg, cuyas películas forman parte de la competencia oficial del festival.
A partir de sus experiencias en la gestión pública, la producción independiente y la realización cinematográfica, los participantes compartieron reflexiones sobre las condiciones necesarias para desarrollar proyectos, las alianzas entre los sectores público y privado y el valor de contar historias que expresen las identidades locales.
Uno de los ejes centrales fue la necesidad de consolidar políticas de fomento que permitan sostener la producción más allá de los esfuerzos individuales. En ese sentido, Saconi adelantó los lineamientos de una iniciativa para institucionalizar el acompañamiento municipal al sector audiovisual mediante la creación de un consejo específico.
Una herramienta para fortalecer el sector audiovisual
Durante su intervención, Saconi explicó que el Municipio trabaja en una ordenanza destinada a crear un Consejo Municipal del Sector Audiovisual, con un presupuesto asignado dentro de las partidas municipales y la participación de representantes del Estado y de la actividad cinematográfica.
La propuesta contempla cinco integrantes: dos representantes del Municipio —uno de Cultura y otro de Desarrollo Productivo—, dos representantes del sector audiovisual y uno de la Provincia. El objetivo es que ese espacio tenga a su cargo la definición de los destinos de los recursos disponibles, que podrían orientarse a convocatorias, becas, subsidios y producciones, entre otras iniciativas.
La funcionaria reconoció que el presupuesto municipal es acotado, pero destacó la importancia de establecer una base de financiamiento y, sobre todo, de generar un mecanismo institucional que trascienda las gestiones de gobierno.
“Las ordenanzas sirven porque son herramientas como las leyes que quedan establecidas. La gestión que venga, siempre va a estar la ordenanza ahí y va a estar el sector avalado por eso”, planteó.
Como antecedente, mencionó la experiencia del Consejo de Teatro Independiente de Tandil, que permite que los propios integrantes del sector participen en la evaluación de las necesidades y en la definición de los apoyos.
Saconi también señaló que la articulación con Desarrollo Productivo constituye un aspecto relevante de la iniciativa, dado que la actividad audiovisual puede vincularse con empresas, emprendimientos y otras áreas de la economía local.
En esa línea, sostuvo que el desafío es ampliar las fuentes de financiamiento y evitar que el desarrollo del sector dependa exclusivamente de los recursos municipales. La consolidación de una política pública, explicó, debe servir como punto de partida para buscar nuevas herramientas y fortalecer el diálogo entre los distintos actores.




La identidad local como una ventaja
Al abordar las posibilidades de producir cine fuera de las grandes ciudades, los participantes coincidieron en que las particularidades de cada territorio pueden convertirse en una fortaleza tanto para la creación como para la circulación de las películas.
Spiner, director y productor independiente con una extensa trayectoria en cine y televisión, reivindicó el valor de las producciones que surgen de experiencias, paisajes y realidades propias. Para el realizador, el cine no solamente constituye una forma de expresión artística, sino también una manera de dejar un registro de la sociedad y de su tiempo.
En ese marco, cuestionó las políticas nacionales que afectan al fomento cinematográfico y defendió la continuidad de los mecanismos públicos de apoyo a la producción.
“Es importante darle esa dimensión al fomento del cine desde los entes estatales, porque hay cierto tipo de películas que no se pueden hacer”, sostuvo.
El director diferenció la necesidad de aprovechar las posibilidades de producción disponibles de la importancia de reclamar mejores condiciones para el conjunto de la actividad. Aunque valoró las experiencias que se concretan a partir de la iniciativa y la pasión de sus realizadores, advirtió que no todo puede descansar en el esfuerzo personal.
También destacó la función cultural del cine independiente frente a los modelos de producción condicionados por las plataformas y sus criterios comerciales. Desde su perspectiva, la diversidad de miradas y la posibilidad de contar historias propias resultan fundamentales para que las sociedades puedan reconocerse en sus producciones culturales.
En ese sentido, señaló que una película puede generar efectos que exceden la pantalla: dar visibilidad a una localidad, despertar interés por sus paisajes y contribuir al movimiento turístico y cultural.
“Una sociedad debe tomar conciencia de la importancia de que exista una cultura propia de los lugares de donde somos, que nos cuente y que eso además genera un montón de otras cosas”, afirmó.
El público también busca verse reflejado
Desde su experiencia como productor, Fernández Vulcano puso el acento en el vínculo que puede construirse entre una película y la comunidad de la que surge.
El realizador, en formación en la Facultad de Arte de la Unicen y con una trayectoria vinculada a distintos proyectos audiovisuales, contó que actualmente trabaja en una productora desde la que impulsa nuevas realizaciones, entre ellas una serie y un cortometraje en colaboración con Estados Unidos, además de otros proyectos en etapa de desarrollo.
Al referirse a las posibilidades del cine regional, explicó que una de sus ventajas es la cercanía con el público. Cuando una película retrata una ciudad, sus espacios o sus experiencias, quienes viven allí pueden sentir un interés particular por verla en la pantalla grande.
Como ejemplo, mencionó el recorrido de producciones locales y regionales que despertaron interés entre los espectadores de sus propias comunidades. Esa identificación, consideró, puede convertirse en una oportunidad para ampliar la circulación de las obras y generar nuevas instancias de exhibición.
También relató que, a partir de la experiencia de “La luna de Coco”, tuvo contacto con una plataforma de distribución que buscaba películas realizadas en el interior del país y con una identidad territorial definida.
La posibilidad de construir circuitos alternativos de distribución aparece así como otro de los desafíos para el cine regional: encontrar canales que permitan que las películas lleguen a sus públicos, en lugar de quedar limitadas a su participación en festivales.
Para Fernández Vulcano, el desarrollo de la actividad requiere combinar distintas estrategias de financiamiento y cooperación. En ese recorrido, mencionó tanto el acompañamiento estatal como la participación privada y herramientas como el financiamiento colectivo.
La experiencia de producir en Tandil, sostuvo, permite aprender a articular recursos y voluntades para concretar proyectos en un contexto en el que hacer cine implica resolver múltiples dificultades.
Un trabajo colectivo
Grinberg, directora de “Tres tiempos”, su ópera prima, compartió su recorrido profesional desde sus primeros trabajos en equipos de dirección hasta la realización de su propia película, que tuvo su estreno en Mar del Plata y en Ucrania, y luego recorrió festivales de distintos países.
La realizadora, oriunda de CABA, destacó la posibilidad de construir producciones con equipos integrados por profesionales de diferentes lugares. En el caso de su película, ambientada en el sur argentino, esa articulación implicó trabajar entre distintas localidades y distribuir tareas de producción y posproducción.
Para Grinberg, esa experiencia demuestra que la descentralización de la actividad no consiste solamente en filmar fuera de Buenos Aires, sino también en reconocer las capacidades profesionales que existen en todo el país y generar oportunidades de trabajo.
“Muchas veces el cine es un espejo y otras veces es una ventana”, reflexionó al referirse a la capacidad de las películas para permitir que los espectadores se reconozcan en determinadas experiencias y, al mismo tiempo, conozcan otras formas de vivir y otras culturas.
La directora también hizo hincapié en la importancia de construir vínculos duraderos con las personas que participan de los proyectos. Encontrar equipos con afinidad creativa, confianza y compromiso, consideró, es una parte fundamental del proceso de realización.
“Es muy importante las personas de las que te rodeás, como encontrar personas afines con las que sentís que creativamente congeniás, buenas personas también, porque es muy importante con relaciones a largo plazo”, señaló.
La experiencia compartida por los realizadores permitió recuperar una dimensión central de la producción cinematográfica: la película es el resultado de un trabajo colectivo que reúne distintos saberes y atraviesa, en muchos casos, procesos de intensa colaboración.
Hacer cine con lo que hay
En su intervención, Spiner compartió además una experiencia personal vinculada con sus últimas películas, realizadas en Villa Gesell, su lugar de origen. Se trata de un proyecto de trilogía que recupera el paisaje costero y experiencias personales a partir de una combinación de ficción, realidad y reflexión.
El director relató que una de esas producciones, La boya, encontró una forma particular de vincularse con la comunidad: seis veranos después de su realización, la película continúa proyectándose al aire libre en el bosque, con la participación de alrededor de 200 personas.
Las funciones, explicó, se convirtieron en espacios de encuentro en los que los espectadores también comenzaron a compartir sus propias expresiones artísticas, desde canciones hasta poesías escritas durante la proyección.
La experiencia le permitió observar cómo una obra puede trascender su condición de película y transformarse en una instancia de participación comunitaria. La decisión de filmar en el propio territorio, con personas y experiencias cercanas, puede generar un vínculo que difícilmente se construya de la misma manera en otros contextos.
Sin embargo, advirtió que esas posibilidades no deben utilizarse como argumento para resignarse a la falta de políticas de fomento.
“Está muy bien que hagamos lo que podamos porque lo importante es que lo hagamos, pero también está muy bien pelear para que existan mejores condiciones y no sea todo gracias al esfuerzo personal y a la pasión que nos abarca”, refirió.
La reflexión volvió a conectar las experiencias individuales con la discusión sobre las políticas públicas en un contexto que no acompaña. Para los participantes, el desarrollo de un cine regional requiere tanto de la iniciativa de sus realizadores como de instrumentos que permitan financiar proyectos, sostener equipos de trabajo y garantizar la continuidad de las producciones.
En ese marco, la propuesta de crear un consejo audiovisual en Tandil fue presentada como un paso hacia la institucionalización del sector, aunque sus alcances dependerán de la aprobación de la ordenanza, los recursos disponibles y la capacidad de ampliar las alianzas.
La charla dejó así planteado un desafío que atraviesa a la producción audiovisual en todo el país: construir condiciones para que las historias puedan surgir desde distintos territorios, encontrar sus propios públicos y circular más allá de sus lugares de origen.
En una ciudad con formación universitaria, profesionales del sector y un festival que reúne producciones nacionales, el fortalecimiento de esas redes aparece como una oportunidad para consolidar una actividad que, además de generar trabajo, contribuye a construir identidad y memoria colectiva.