Entrevista a Ana Garcia Blaya, directora de “Las buenas intenciones”

“Pensé que era una peli para mi familia y mis amigos”

Amanda tiene 10 años y se ve obligada a asumir las responsabilidades de una persona adulta cuando le toca quedarse en casa de su padre, junto con sus hermanos. Ésa es la sustancia de “Las buenas intenciones”, ópera prima de Ana García Blaya, quien acompaña a su película –seleccionada para la Competencia Oficial- en el Tandil Cine.

¿Cómo ha sido la recepción hasta el momento? Han recorrido ya varios festivales…

Sí, la película está caminando por distintos festivales desde principios de septiembre: estuvimos en Toronto, San Sebastián, Biarritz, Oslo, Zurich…la respuesta ha sido buenísima, a pesar de que los públicos son muy diversos y es una película bastante “argentina”…

¿Qué encuentran esos públicos, a pesar de que el registro sea tan “nuestro”?

Siempre pensé que era una peli para mi familia y mis amigos (risas) pero tiene algunas situaciones “universales” que funcionan en todas partes: en Japón, se me acercó una chica, llorando, para decirme que era idéntica a la historia de su papá. Sin embargo, tiene referencias de época y espacio que son argentinas que se entendieron en nuestras salas, con nuestra gente, en los mismos términos que los pensé mientras escribía el guión.

¿Sentías la necesidad de realizar este recorte tan biográfico en el proceso de escritura?

Escribí esta historia sin saber que se iba a convertir en una peli, en una práctica de taller, hace diez años y cuando decidí comenzar el rodaje lo releí y decidí dejarlo intacto. Fue una especie de catarsis de un momento traumático de mi vida, salió de un tirón en la escritura y me parecía que cualquier modificación le quitaba verdad. Además, nunca tuve esa historia presente, pero cuando se planteó el proceso de escritura fue la única que apareció.

¿Cuándo sentiste la necesidad de rodarla?

Hace cinco años, cuando murió mi papá: mi hermana me propuso contar en cine esta historia. Nunca me imaginé dirigiendo: quizá evaluaba la posibilidad de acercar el guión a algún director o directora para que lo leyera. Pero, en ese momento, hubo una enorme necesidad de filmarla, inclusive como parte del proceso de duelo.

Llevamos a la pantalla ese primer guión, al que sólo se le hicieron pequeñas modificaciones que obedecían a cuestiones de presupuesto. Quería que fuera esa primera versión, una decisión sincera de alguien que no pensaba filmar esta historia.

¿”Garpa” la verdad para el espectador?

Sí, absolutamente. Al menos, ésa fue mi experiencia. Claro que cuando esta historia se convirtió en una película hubo un giro: ahora también es de un público que se la apropia desde sus lugares personales. Pero, a lo largo de todo el proceso, pude sanar.

¿Cómo sigue el camino de “Las buenas intenciones”?

Vamos a abrir el Festival de la Mujer y el Cine (CABA) luego estrenamos en el Malba y en algunas salas INCAA. El 7 de diciembre nos vamos a La Habana, Miami y Festival de Guadalajara (México) en marzo.

¿Algún director o directora nacional que admires?

Todos los que pueden terminar una película (risas).