A contra plano de la ausencia

“Desde que murió papá, todo se fue a la mierda”, dice al final del trailer Laura Plasencia, directora y una de las protagonistas del documental “Ama y haz lo que quieras”, que forma parte de la Competencia Oficial del 16º Tandil Cine.

Su papá, Adrián Plasencia, fue un reconocido neurocirujano de nuestra ciudad: murió a los 46 años, en un accidente rutero.

El día de la proyección, la sala INCAA UNICEN se pobló de caras conocidas: amigos de la familia, colegas y rostros que Laura no olvidó, a pesar de ser chica cuando su papá murió, y de haber cortado de raíz con esta ciudad para comenzar de cero, con su mamá y hermanos, en CABA.

El documental es un viaje que comprende varias idas y vueltas: la de una familia que desandó, en más de una oportunidad, el periplo Argentina-Estados Unidos; la de los laberintos emocionales en los que se perdieron buscando respuestas a lo absurdo de una muerte prematura; la de los videos hogareños (muchísimos) que dejaron un padre sin cuerpo, un padre hecho de fragmentos de imágenes de una cotidianeidad que ya no habitaba.

Es ese cuerpo inerte el que se convierte en mascarón de proa de un relato que, de acuerdo a lo que cuenta el equipo de la película, contaba con mucho material, pero carecía de sustancia, una razón entre muchas pero la más importante: por qué contar esta historia.

¿Qué emociones movilizó la proyección del documental en tu ciudad?

Muchísimas: llevamos varias proyecciones ya pero lo que pasó en Tandil no había sucedido hasta ahora. Yo viví en esta ciudad, los mejores recuerdos con mi viejo los viví en Tandil; dentro del público había muchos conocidos de mi familia: fue conmovedor.

Por otra parte, ver en una pantalla de Tandil a mi papá fue movilizador: sentí que le estaba dando vida nuevamente en su ciudad.

¿Por qué elegiste contar esta historia?

La idea inicial del proyecto fue instalar en el público un tema tabú, como la muerte y poder generar preguntas a la gente, a partir de una experiencia muy dolorosa y universal, pero muy mía también. Siempre desde lo particular podemos vislumbrar lo universal.

Nos fuimos dando cuenta de que se trataba de un trabajo catárquico, necesitábamos hablar de la muerte de mi viejo, seguir amasando el duelo de esa enorme pérdida. Empezamos a indagar en todo el material que teníamos para ver, dónde estaba papá. Sin embargo, me seguía faltando

el motivo clave. Me faltaba la historia hasta que recibimos el llamado del Cementerio de Chacarita.

¿Qué pasó a partir de entonces?

Nos avisaron que el cuerpo de mi papá debía ser exhumado y teníamos qué resolver qué se hacía con los restos.

Esta situación inicial los colocó en un escenario familiar que, al mismo tiempo, pintaba un paisaje emocional tan diverso como diversos son los hermanos de Laura; pero también tenían la urgencia de la resolución, la respuesta a una burocracia de la muerte que no admite demasiado sentimentalismos.

“El trabajo de montaje fue minucioso: queríamos transmitir el clima emocional sin caer en golpes bajos. Siempre me mantuve atenta a ese punto; no deslizarme hacia ese terreno pero sí plantear esta idea de “sube y baja” que sacude la sensibilidad del espectador, entonces caminé todo el tiempo por esa delgada línea, pero creo que logramos una historia sin clichés”, cuenta la realizadora.

Desde el guión también nos pasó: por momentos había tramos demasiado dramatizados, entonces volvíamos sobre esos puntos, revisábamos y ajustábamos. Hemos tratado de despojar a la muerte de su solemnidad y demostrar que, entre todos, fuimos atravesando el dolor y hoy hasta podemos reírnos de algunas situaciones.

¿Cómo reaccionó el resto de la familia cuando les planteaste que querías contar esta historia?

Estuvieron de acuerdo porque, desde el principio, aclaré que no iba a tomar ninguna decisión de guión o de rodaje, que los moleste, que los afecte. Yo también sabía que ellos se iban a abrir a este relato, que necesitaban también contarlo en primera persona: no hubiera sido lo mismo si encaraba este proyecto como una ficción, convocando a actores. No representaría el proceso genuino: a pesar del dolor, somos capaces de ver lo bueno y superarnos. Quisimos que lo relativo a la vida de mi viejo estuviera más ligado a lo que verdaderamente fue más que a la fatalidad de su muerte.

Laura Plasencia y equipo de “Ama y haz lo que quieras”